En vísperas de las falsas canonizaciones

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Recemos en desagravio, pues estamos en las vísperas de otro gran acto de traición a la Iglesia Católica: la “iglesia” conciliar va a “canonizar” dos hombres que tuvieron participación fundamental en la destruicción de la religión perpetrada en la última mitad de siglo. Uno de ellos, Juan XXIII, ha sido quien, despreciando el mensaje de Nuestra Señora de Fátima y llamando de “profetas de desgracia” a los que preveían el mal que se haría a la Iglesia, convocó el latrocinio Vaticano II. El otro, Juan Pablo II, ha sido quien más lejos ha llevado la aplicación del maldito conciliábulo, sea perseguiendo a los verdaderos católicos, sea practicando los más absurdos actos de sincretismo religioso, rebajando la única verdadera religión al nivel de las falsas.

¿Santos? ¿Cómo puede uno ser santo si ha passado su vida haciendo el mal y, por lo menos publicamente, jamás ha demostrado cualquier arrepentimiento? ¿Cómo puede ser santo, o sea amigo de Dios en la eternidad, alguien que ha pasado la vida siendo amigo de los enemigos de Dios? ¿Cómo puede ser santo, o sea modelo de acción para las gentes, alguien que ha dado ejemplos horribles de indiferentismo religioso? ¿Cómo puede ser santo, o sea seguidor irreprensible de la doctrina de Cristo, alguien que era hereje público, manifiesto y contumaz?

¿Cómo puede un católico quedarse callado delante de tan manifiesta iniquidad, que es la “canonización” de dos destructores de la religión? Todo católico tiene el deber de hablar, pero la mayoría se calla. A los pocos que hablan, hay siempre un traidor para intentar callarlos. Pero las Escrituras dicen que “las piedras hablarán”. Y la naturaleza está hablando. Cuando las “relíquias” de Juan Pablo II fueran llevadas para el santuario de Lourdes, en Octubre de 2012, hubo tal inundación en la ciudad, devido a la subida de las águas del río, que impedió la “veneración”. En Junio de 2013, algunas horas después que fue anunciada la “canonización” de Wojtyla, otra inundación semejante se produjo. Coincidencia? Es difícil creer. El último jueves, tres días antes de las “canonizaciones”, un enorme crucifijo blasfemo, curvado, con el Cristo colgado en la horizontal, se quebró y caió sobre un hombre, matandolo. La “obra de arte” de pésimo gusto era dedicada a Juan Pablo II, y el hombre que ha muerto moraba en una calle llamada Juan XXIII. ¿Más coincidencias?

Pero, ¿para que necesitamos señales? Tal vez los más simples puedan ser llamados por ellos a una reflexión y a un estudio más profundos. Pero a aquellos que tienen un cierto conocimiento de lo que es la verdadera doctrina de la Iglesia, nada más les hace falta sino utilizar la razón que se les ha dado Dios. ¿Y quien puede aceptar como legítima la “canonización” de uno que solo ha dado demostraciones públicas de apostasía? ¿Cómo puede un católico instruido aceptar la mentira de que hubo santidad en la vida privada, cuando en la vida pública solo se ha visto atentados en contra de la Fe? Otro raciocinio que tenemos el deber de hacer: tiendo en vista que la canonización es una declaración de ejecicios de virtudes en nivel heroico, de modo que el santo es un exemplo a ser seguido, entonces un Wojtyla “canonizado” sería también un ejemplo a ser seguido. Esto nos llevaría a aceptar como buenos sus actos que han sido, en  realidad, verdaderas traiciones a Cristo y a Su Iglesia. Y, por consecuencia, los verdaderos santos de la Iglesia serían malos, porque hicieron lo contrario de lo que hizo Wojtyla. Absurdo!

Pruebas de las herejías y de los actos de traición de estes pseudo-santos no faltan. Don Luigi Villa, por ejemplo, ha mostrado lo cuanto todos los jefes de la “iglesia” conciliar han sido o son, en ideias y actos, enemigos aguerridos de la Iglesia Católica y amigos de los enemigos de Cristo. Y él no es el único. No faltan, en la Internet, largas listas de las traiciones promovidas desde Roncalli hasta Bergoglio. No ha sido sin razón que Monseñor Marcel Lefebvre cualificaba Wojtyla, por ejemplo, de “anticristo” y “inspirado por el diablo a servicio de la masonería”. Pero el Iscariotes suizo dijo, en 2002, que “si el papa me llama, voy corriendo”…

Y tenemos todavía más desgracia llegando, pues yá están hablando en “canonizar” Pablo VI en octubre de este año. Con esto, casi todos los fallecidos jefes de la “iglesia” conciliar estarían “canonizados”, con excepción solo de Juan Pablo I. En esta falsa iglesia no existe ninguna seriedad, y estas “canonizaciones” en serie son un ultraje a la memoria de los verdaderos santos. Las “canonizaciones” modernas no pasan de mera publicidad, pues, en realidad, lo que está siendo “canonizada” es la anti-religión, la religión del hombre, promovida desde el latrocinio Vaticano II. El proceso de canonización, extremamente rígido, ha sido ignorado, porque las “canonizaciones” de los líderes modernistas no es más que un programa de promoción de la própia herejía modernista. Todo es propaganda de la secta que se hace pasar por Iglesia Católica.

El peor es que la multitud va siguiendo como boyada…

Y van a venerar como santos hombres que deberían, en realidad, ser excomulgados.