Bergoglio, Sínodo, destrucción de la familia, traición contra la Iglesia… ¿qué más necesita ocurrir?

Las últimas noticias venidas desde la Babilonia conciliar han sido alarmantes para gran número de católicos. Muchos aún no habian percibido lo cuanto el proceso revolucionario está avanzado.

Pero, el tal sínodo contra la familia es tan claramente anticatólico que hasta algunas eminencias de la iglesia oficial están escandalizados. Una noticia de la Radio Vaticana sobre el informe de este sínodo nos dice (los destaques son nuestros, así como los comentarios a continuación):

Con respecto a la posibilidad de acceder a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarística, algunos han argumentado a favor de la disciplina actual en virtud de su fundamento teológico, otros se han expresado por una mayor apertura a las condiciones bien precisas cuando se trata de situaciones que no pueden ser disueltas sin determinar nuevas injusticias y sufrimientos. Para algunos, el eventual acceso a los sacramentos debe ir precedido de un camino penitencial –bajo la responsabilidad del obispo diocesano-, y con un compromiso claro a favor de los hijos. Se trataría de una posibilidad no generalizada, fruto de un discernimiento actuado caso por caso, según una ley de la gradualidad, que tenga presente la distinción entre el estado de pecado, estado de gracia y circunstancias atenuantes.

48. Sugerir de limitarse a la sola “comunión espiritual” para no pocos Padres sinodales plantea algunas preguntas: ¿si es posible la comunión espiritual, por qué no es posible acceder a la sacramental? Por eso ha sido solicitada una mayor profundización teológica a partir de los vínculos entre el sacramento del matrimonio y Eucaristía en relación a la Iglesia-sacramento. Del mismo modo, debe ser profundizada la dimensión moral de la problemática, escuchando e iluminando la consciencia de los cónyuges. 

http://es.radiovaticana.va/news/2014/10/13/paciencia_y_delicadeza_para_las_familias_heridas._no_a_soluciones/spa-830689

Delante de la clareza del texto, no hace falta muchos comentarios. Permitir la comunión sacramental a los que viven en adulterio corresponde simplemente a legalizar un sacrilegio. La Santísima Comunión es un sacramento de vivos, lo que quiere decir que tan sólo los que están vivificados por la gracia santificante pueden recibirla. Los que están en estado de pecado mortal solamente pueden recibir los sacramentos de quien está espiritualmente muerto, a saber, el Baptismo y la Penitencia. Para recibir un sacramento de vivo sin cometer sacrilegio es necesario antes ser vivificado, sea por el Batismo para aquellos que aún no han sido batizados, sea por la Penitencia para los que yá fueran incorporados al Cuerpo Místico de Cristo por medio del baptismo. No hay ningún “camino penitencial”, a ser conducido por qualquier obispo diocesano, que sea capaz de borrar el pecado mortal de un alma que no quiere se acercar del Sacramento de la Penitencia. Y, para acercarse a este sacramento, es imprescindible arrepentirse del pecado cometido. Si la persona pretende continuar cometiendo pecado, en este caso el adulterio, no puede usar el Sacramento de la Penitencia y, así, no se libra de su estado de pecado, lo que nos lleva a la conclusión de que no puede recibir a la Santíssima Comunhão y ningún otro sacramento de vivos. Esta es la doctrina católica, revelada por Nuestro Señor Jesucristo. Por lo tanto, lo que hacen aquellos purpurados es una abierta traición contra Cristo.

Ningún liberal ha llegado hasta esta parte del texto sin haberme insultado. Pero es posible que a cierto número de neoconservadores les haya gustado. Si yo estuviera buscando aplausos, pararía por aquí. Pero, haciendo esto, estaría traicionando la Iglesia. Porque no basta con citar los hechos y protestar en contra de ellos, es necesario no ocultar voluntariamente sus causas.

¿Y cuales son las causas de esta calamidad actual sino la apostasía que viene cresciendo desde las últimas décadas? En el primer párrafo de este texto, se dijo que un gran número de católicos, que aún no habían percibido la gravedad de la crisis, está alarmado con lo que está viendo. Pero, quien estudia con seriedad el proceso revolucionario, no se sorprende ni un poco con lo que el bando de apóstatas está promoviendo en este Sínodo de destrucción de la familia. Traición semejante yá ocurrió durante el latrocinio Vaticano II. En aquel entonces, la proporción de obispos católicos era mucho mayor de lo es hoy. Sin embargo, los liberales, con el apoyo de la figura nefasta de Montini, supieron manipular las reglas del juego y neutralizar la resistencia católica. La Iglesia contaba con grandes hombres, como Mons. Marcel Lefebvre, Mons. Antônio de Castro Mayer, Mons. Proença Sigaud, el Cardenal Ottaviani. Hoy, yá no tenemos ni siquiera certeza de la validez de las sagraciones episcopales en el nuevo rito, muy probablemente inválidas. Y, medio siglo después, gran parte de los “cardenales” ha sido escogida justamente porque son liberales. Entonces, ¿qué podemos esperar sino el desastre que estamos viendo?

La situación está tan mala que hasta el hereje público e manifiesto del Müller está siendo contado entre los conservadores…

¿Lo que se puede esperar de herejes sino que intenten destruir la Iglesia? Siempre ha sido así y siempre lo será. Es lo mismo que dejar a un lobo tomando cuenta de ovejas. Cuando el dueño vuelve, fica asustado y pregunta cándidamente: “¡Oh! ¿Quien tendrá robado mis ovejas?”. Las dos cuestiones son igual de ridículas. Un lobo no puede ser puesto para cuidar de ovejas de la mesma manera que un hereje público, manifiesto y pertinaz no pode ser puesto para defender a la ortodoxia que él abiertamente renegó y combate.

Y bien, se acabó el día de los neoconservadores a los cuales les estaba gustando del comienzo del artículo.

Pero es necesario irse aún más lejos. Es necesario no solamente denunciar los lobos, como también el jefe de la manada: Bergoglio. No solamente por todo apoyo que él da a los liberales, como al “gran teólogo” Kasper. En la ocasión en que el informe del Sínodo era divulgado, Bergoglio también hizo su “profesión de fe” en el relativismo y progresismo (los destaques son míos): 

“Porque estos doctores de la ley no entendían los signos del tiempo y pedían un signo extraordinario (Jesús se los dijo después). ¿Por qué no entendían? Ante todo porque estaban cerrados. Estaban encerrados en su sistema, habían ordenado la ley muy bien, una obra de arte. Todos los hebreos sabían qué cosa se podía hacer, y qué cosa no se podía hacer, hasta dónde se podía ir. Estaba todo organizado. Y ellos estaban seguros allí”.

“Ellos no entendían que Dios es el Dios de las sorpresas, que Dios es siempre nuevo; que jamás reniega de sí mismo, que jamás dice que lo que había dicho era incorrecto. Jamás. Pero nos sorprende siempre.

“Y esto debe hacernos pensar: yo estoy apegado a mis cosas, a mis ideas, ¿cerrado? ¿O estoy abierto al Dios de las sorpresas? ¿Soy una persona detenida o una persona que camina? ¿Yo creo en Jesucristo?(…) Podemos hacernos hoy estas preguntas y pedir al Señor un corazón que ame la ley, porque la ley es de Dios; que ame también las sorpresas de Dios y que sepa que esta ley santa non tiene un fin en sí misma”.

http://es.radiovaticana.va/news/2014/10/13/no_permanecer_cerrados_en_los_propios_sistemas,_sino_abrirse_a_las/spa-830725

En cualquier momento que fueran dichas, estas palabras deverían escandalizar a los oídos píos. Pero, como yá hemos dicho, ellas coincidieron con el informe del sínodo.¿Qué puedem ser, sino una apología del relativismo sinodal? Bergoglio no distinguió ley mosaica de la ley moral. Aquella sí era pasajera, preparatoria para la venida del Mesías. La ley moral no. Ella es eterna, inscrita en el corazón de todo hombre y en el Decálogo, enseñada por todos los dignos miembros de la Iglesia docente, en todos los tiempos, en todos los lugares. La cita perfecta para este momento son las siguientes palabras de Aquel que no solamente enseñó la ley como un doctor, pero es Él mismo la fuente de toda moral:

“No juzguéis que vine a abolir la ley o los profetas. No vine para abolirlos, sino para llevarlos a la perfección. Pues en verdad os digo, pasarán el cielo y la tierra antes que desaparezca un jota, una tilde de la ley. (Mt 5,17-18)”

En continuación de este pasaje, Cristo advierte contra aquel que viola uno de estes mandamientos, por menor que sea, y ensiña los otros hombres a facer lo mismo. ¿Qué piensan los jefes de la secta conciliar al leer estas palabras? Si no tuvieran perdido la fe, no estarían destruyendo la familia. Violar el mínimo mandamiento es grave, cuanto más destruir la célula básica de la sociedad, que es la familia, y aún promover el sacrilegio de la comunión en estado de pecado.

En el momento exacto en que se exige un discurso firme contra el relativismo, el progresismo, la evolución del dogma, etc, nos viene Bergoglio decir que la “ley santa no es finalizada”. Critica a las personas “cerradas”, “que no caminan”, “detenidas”. Critica a los hebreos que “sabían qué cosa se podía hacer, y qué cosa no se podía hacer, hasta dónde se podía ir.”. Y bien, ¿quien no percibe la semejanza con los católicos que, felizmente enseñados por la Santa Madre Iglesia, sabemos hasta dónde podemos irnos y hasta dónde no podemos en todas las cuestiones morales, incluso relativamente al matrimonio? No estamos encerrados a nuestras ideas, sino al enseñamiento infalible de dos mil años.

El progresista Bergoglio hizo un discurso exactamente contrario al que devería hacer en un momento tan grave. Ciertamente no fue por acaso. Un católico que tuviera un mínimo de Fe se alzaría para condenar el relativismo moral, no para fomentarlo. Pero Bergoglio no es católico, es modernista.

Ahora sí, no solamente los liberales y neoconservadores, sino también los falsos tradicionalistas que querían estar en comunión con Bergoglio y sus camaradas también van a enojarse con este artículo. Quizá yo tenga perdido algunos falsos amigos. Pero se necesita decir tales cosas. No basta con llorar, como hizo un obispo africano, es necesario actuar contra los traidores. Basta de apoyar a los usurpadores. Basta de silencio sobre enemigos de la Iglesia. Basta de complicidad con herejes. ¿Qué más necesita ocurrir para que tantos católicos comprendan lo que está pasando e actúen de manera apropiada?