¡Ay del hombre que causa escándalo!

El escándalo es algo tan funesto que Nuestro Señor ha advertido “¡ay del hombre que causa escándalo”. Todos nosotros tenemos el deber de vigilarnos para que no seamos causa de escándalo. Aún más cuando estamos viviendo con la Iglesia un período de grande probación, es con mucho más atención que debemos tratar de los asuntos relativos a esa crisis.

No se puede admitir, ni siquiera a un simple laico, que intente minimizar los males provocados por los modernistas. Pero, cuanto mas alta la jerarquía que uno tiene dentro de la Iglesia, tanto mayor su deber de ser prudente, porque será seguido por muchos. La enorme cantidad de obispos, sacerdotes, religiosos, laicos e institutos enteros que um día fueron “tradicionales” pero que después han caído en las manos de la roma apóstata deberían servir de alerta a todos para que no se sientan inducidos a describir la “iglesia” conciliar menos pérfida de lo que ella es en realidad.

Y, sin enbargo, hemos tenido en los últimos tiempos la decepción con algunos de aquellos que tan bravamente habían denunciado las tramas de Menzingen. El estopín fue la defensa de un supuesto milagro ocurrido en la misa nueva, pero la verdad es que los escándalos van más allá de eso. Hay otras concesiones a la misa nueva peores que ese “milagro”. Y aún peor que la imprudencia de Mons Williamson, ha sido la reacción de aquellos que ha movido una verdadera yijad contra quienes osaron discordar del obispo. Increíble como no aprendieron la lección con todo lo que se pasó en la Neo-FSSPX. Es verdad que la traición de Menzingen no se compara con los errores de Mons Williamson, pero el camino tomado por él yá se ha demostrado estar equivocado al punto que, en consciencia, no podemos más quedarnos en silencio.

Por supuesto van a acusarme de “cátaro”, “super-tradi”, “fariseo”, etc. Pero la culpa del escándalo es de quien lo ha comenzado. Este primero artículo es solamente una invitación a los lectores para manteneren la lectura de los próximos artículos que yá están siendo preparados. He recebido una torrente de e-mails y he leído a todos. He leído también los artículos de los blogs que defienden Mons Williamson. Entonces, yá se pasó de la hora da reacción. Antes que alguien se escandalice, solo pido eso: que vean realmente quienes son los culpados por el escándalo y que no cerrem los ojos.