En defensa de Mons. Williamson… pero no de la verdad

Continuando los intentos de combatir la confusión provocada por Mons. Williamson, aunque no tenga la pretención de agotar el asunto, espero, por lo menos, ayudar a demostrar la gran imprudencia de ese bispo y de sus colaboradores.

En la mejor de las hipótesis, y prefiero trabajar con ella mientras no se descubra algo más, Mons. Williamson ha sido tremendamente imprudente al escribir sus Comentarios. En primer lugar, al tratar de um asunto totalmente innecesario, y que podría causar confusión, como de hecho lo hizo. Tanto que hasta su fiel escudero, Mons. Tomás, admitió la imprudencia que podria llevar a alguna persona indecisa a acabar asistiendo a la misa nueva (el video era tan aclarador que alguien lo ha eliminado para no comprometer el obispo). Mons. Williamson no estaba sufriendo ninguna presión, nadie le solicitó que constestara algo sobre ese asunto, no estaba ocurriendo ninguna disputa sobre el tema antes de los Comentarios Eleison. Si el obispo quisiera llevar a los fieles a no menospreciar aquellos que están siendo engañados por la falsa iglesia conciliar, podría muy bien hacerlo de otro modo completamente diferente, recordando que muchos están sin culpa en el error, por ejemplo.

La imprudencia del obispo continúa, no solamente por haber empezado la discusión pero, principalmente, por la forma como lo hizo. Mons. Williamson no defiende tan solo la posibilidad de haber milagros en la misa nueva. La tesis que él defiende es mucho más fuerte que eso, pues el obispo induce a creer que el caso concreto de Buenos Aires, “según sugieren las evidencias” (sic), es de hecho un milagro. Él no tuvo el trabajo de analisar las diferentes posibilidades de explicación para el fenómeno. Pero, ¿qué posibilidades son esas?

Llegamos entonces al punto crucial, donde Mons. Williamson ha pervertido todo el análisis del hecho, comprometiendo la conclusión. Los teólogos enseñan claramente que hay que hacer distinción entre los verdaderos y los falsos milagros.

Por ejemplo, en el libro “A camino de la Verdad Suprema” del Padre Pedro Cerruti, él distingue los verdaderos milagros, hechos por Dios, de los falsos milagros, hechos por el demonio:
 1 – Verdad histórica: Si el milagro aconteció realmente;
2 – Verdad filosófica: Si el milagro es extraordinario, es decir, supera las fuerzas de toda naturaleza creada;
3 – Verdad teológica: Si el milagro fue producido por Dios;
4 – Verdad relativa: Si Dios lo produjo para confirmar una revelación.
(…)
[Explicación del número 3]
“La razón ve inmediatamente, ya a priori, que debe ser posible discernir los verdaderos milagros divinos de los prodigios del demonio. Dios con efecto: 1) no puede inducir a que el hombre sea inducido invenciblemente al error en materia moral y religiosa y acerca de su salvación eterna: se oponen a la Veracidad, la Santidad y la Providencia Divina; sería poner la Providencia en contradicción consigo misma, guiando a los hombres a la salvación y juntamente colocándolos en circunstancias tales, que, a pesar de sus diligencias y de su buena gana, tomarían invenciblemente, como verdades que conducen a la salvación, errores que de hecho alejan de ella; 2) ni puede permitir que el milagro, único criterio primario para reconocer la verdadera revelación divina, pierda su valor y eficacia, como acontecería si no se pudiera discernir de los prodigios del demonio: se opone a eso la Sabiduría divina”.

Queda claro, de las palabras del Padre, que es posible distinguir los verdaderos milagros de los falsos, y que estos últimos vienen del demonio. Por ejemplo, en Akita, la sangre que brotaba de la estatua en ocasiones diversas pertenencía a diferentes tipos sanguineos, por lo que no pueden ser de la misma persona, o sea, de la Santísima Virgen. ¿Y quien fue el famoso imprudente que dio créditos a Akita, inclusive con derecho a peregrinación? Por supuesto, Mons. Williamson.

San Tomás de Aquino, además de otros textos, en su comentario a la Segunda Epístola de San Pablo a los Tesalonicenses también reconoce la capacidad del demonio de realizar prodigios, pero que no son verdaderos milagros:

Llámase falso un milagro, o porque le falta la verdadera razón del hecho, o la verdadera razón del milagro, o el debido fin del milagro. (…)

Pero algunas veces se hacen algunos prodigios, cuyas causas están ocultas, mas no fuera del orden de la naturaleza; y esto con más razón lo hacen los demonios, que conocen las virtudes de la naturaleza y tienen determinada eficacia para especiales efectos; y éstos hará el Anticristo, pero no los que tienen verdadera razón de milagro, porque no tienen poder en aquello que está sobre la naturaleza.

http://wwwapostoladoeucaristico.blogspot.com.br/2016/01/nadie-hace-milagros-contra-la-fe-ya-que.html

Pero hay otros que han percibido esa posibilidad. A continuación, transcribo el trecho de uma resposta do padre Trincado ao padre Cardozo, en la cual lo acusava de distorcer sus palabras. Esa respuesta, venida de un cura que defiende Mons. Williamson, ha sido divulgada, el 29 de Febrero de 2016, por el mismo profesor tomista que, abusando de la buena fe de una persona, obtuvo una lista de e-mails para un fin de caridad, y acabó por utilizarla para divulgar sus propios artículos sin la autorización de las personas. Felizmente, al contrario del video de Youtube que ellos cobardemente pueden eliminar, no hay como borrar el texto que han divulgado, y nosostros podemos leer las exactas palabras del padre Trincado (los destaques son nuestros):

1.- Que ha terminado de leer el último Eleison y que lo juzga reprochable. Yo también juzgué reprochable ese primer Eleison de una serie de tres, porque trata de un asunto delicado dejando la respuesta para varios días después, con lo que se iba a generar cierto escándalo. Por eso Non Possumus publicó con comentarios ese Eleison (ver acá). 

2.- Que en su opinión, el demonio podría querer obrar un milagro como el referido por Mons. Williamson. Con eso también también estuve de acuerdo.

Así, vemos que los problemas son tan innegables que hasta los defensores de Mons. Williamson fueran obligados a confesar tanto la imprudencia del obispo como el hecho de que no está excluida la posibilidad de que el efecto haya sido causado por acción diabólica. Apesar de eso, continúan cometiendo el enorme pecado de presentar Mons. Williamson como el inocente y atacando aquellos que correctamente no están de acuerdo con él.

Por lo que ya se ha expuesto, aunque se lograra demostrar cabalmente la posibilidad de milagros fuera de la Iglesia, todavía no estaría hecha la defensa de Mons. Williamson. La imprudencia del obispo lo ha llevado a atropellar toda la doctrina católica respecto de los milagros para, apresuradamente y sin ninguna seriedad en su análisis, tratar los hechos de Buenos Aires como un verdadero milagro, realizado por Dios. La posibilidad de que se tratara de una mentira diabólica no ha sido ni contemplada por el obispo que algunos quieren ver como el último bastión de la Fe Católica. Posibilidad que hasta sus defensores reconocen pero, por motivos “poco nobles”, prefieren ignorar. Deberían  ruborizarse de vergüenza, pero prefieren ruborizarse de rabia de quienes ven el obvio, o sea, que Mons. Williamson ha dicho tonterías.

Pero los errores del obispo no limitan a lo expuesto, ni la acción de sus aduladores. Mons. Tomás, a quien le gusta cantar honor y gloria a Mons. Williamson, escribió algunos textos a favor del obispo. Uno de ellos, se titula “En defensa de Mons. Williamson – II”. Talvez por haberlo considerado malo, el profesor tomista se abstuvo de praticar seu pasatiempo preferido, o sea, enviar e-mails no solicitados. Pero otros sitios, que no percebieron el error de Mons. Tomás, lo publicaron:

Los ataques a Mons. Williamson se basan en sus escritos y en sus palabras. Examinemos algunos escritos. Sus críticos más tenaces alegan que es preciso ver el conjunto y concluir la heterodoxia de Mons. Williamson. Se yo fueses a comentar cada acusaçión, una por una, esto tomaría un tiempo del cual no dispongo. Examino aquí apenas una idea de Mons. Williamson. (…)

Personas como Gustavo Corção y casi todos los miembros de Permanencia en Brasil y de “Cité Catholique” en Francia asistían a la Misa Nueva a inicios de los años 70, y la mayor parte de los miembros de la Resistencia en Brasil hicieron lo mismo antes de que conocieran la Tradición. Podemos pensar que, entre mochas personas, algunos habían hecho comuniones bien hechas y habían sacado provecho de estas comuniones en caso de que hubieran asistido a misas válidas aunque fuesen en el Novus Ordo. (…)

Felices los que recibieron la gracia de comprender el problema de la misa. Corção comprendió su malignidad desde el inicio, pero que no debía asistir a ella, sólo lo comprendió después. Le llevó cerca de cuatro años tomar la decisión de no ir más a esa misa. Y sólo la tomó después que Jean Madiran vino de Francia para hablarle del asunto, por lo que recuerdo haber oído. ¿Era Corção un hereje? No. Un mal católico? No, tampoco. ¿Sacó él algún fruto de sus comuniones diarias (él iba a Misa todos los días) en la Nueva Misa? Creo que sí. ¿Era una recompensa por su deseo de tener una misa válida a la cual asistir? És difícil responder. Talvez. Mas él entendió que no debía ir pues este rito conduce a la herejía y se da mal ejemplo yendo a la Misa Nueva. Entonces él no fue más. En Río de Janeiro acabó teniendo la Misa de Siempre, la codificada por San Pío V.

¿Qué concluir de eso? Yo concluyo que no hay por qué lanzar a Mons. Williamson (y a Corção igualmente) a la hoguera. Ni uno ni otro son herejes. Uno demoró en entender que no debía ir a la Misa Nueva y el otro trató de dar una explicación para este hecho. Tanto el uno como el otro me parecen igualmente católicos e igualmente anti liberales, pues ambos condenaron la Misa Nueva y defendieron la Misa de Siempre.

Hno. Tomás de Aquino, OSB

¿Las palavras de Mons. Tomás justifican las ideas de Mons. Williamson sobre la misa nueva? ¿Las intervenciones de Mons. Williamson a ese respecto se resumen en “dar una explicación para alguen que se demora a abandonar la misa nueva”?

Si leemos de nuevo el primer párrafo, notamos que Mons. Tomás reconoce que hay diversas críticas a Mons. Williamson, pero pone como justificativa para no analizar todas ellas tan solo la falta de tiempo. Sin embargo, al analizarmos el conjunto, es imposible negar los errores de Mons. Williamson. Inclusive es posible contestar a las preguntas que colocamos más arriba y demostrando el error primario de Mons. Tomás al elaborar su conclusión prescindiendo de importantes ideas de su amado obispo respecto de ese asunto.

Tan solo unos meses antes de los Comentarios sobre el supuesto milagro en la misa nueva, Mons. Williamson contestó publicamente a una fiel de la Tradición, entre otros absurdos, que ella podría ir a la misa nueva caso eso nutrise sua fe, como se puede ver en el seguiente video (subtitulado en portugués):

Fuente del video: http://stdominic3order.blogspot.com.br/2016/03/dom-williamson-infame-conferencia-missa.html

Una cosa es que la persona tarde para comprender lo perversa que es la misa nueva, y otra cosa totalmente diferente es, depués de haberlo comprendido, continuar asistiendo a ella o recomendando a los otros que asistan. La mujer que dijo a Mons. Williamson que assistía la misa nueva durante la semana habitaba cerca de un centro de la Resistencia, en el cual asistía la Misa Tridentina en los finales de semana. Y aún así el obispo le dijo que ella podía continuar asistiendo la misa nueva desde que “esté nutriendo su fe” y “no cause escándalo” (sic). Ora, lo que dice Mons Williamson sobre la misa nueva es completamente diferente de lo que le ha abribuido en su defensa Mons. Tomás. Será que Mons. Tomás no tuvo tiempo de constestar a todas las acusaciones, o será que preferió olvidar las incontestabiles? Él, que assumió conocer otras acusaciones en contra de Mons. Williamson, será que no conocía esa? Si la conocía, entonces ha mentido al formular su defensa del obispo, como si él estuviese tratando tan de las personas que aun no habían reconocido la perversidad de la misa nueva. E intenta utilizar el nombre de Gustavo Corção para justificar las tonterías dichas por Mons. Williamson. Como lo mismo Mons. Tomás lo ha reconocido, Corção comprendió que no debería ir a la misa nueva y no más se fue. Y, probablemente, no recomendó a nadie que fuese, “caso nutrise su fe”.

Todos nosotros pasamos por lo que Corção pasó. La crisis es tan profunda que custa creer que hay personas con tanta perversidad al punto de crear las mentiras propuestas por la anti iglesia. Yo también tardé un poco para comprender que no debía ir a la misa nueva, a la misa del motu proprio, a la misa de la Neo-FSSPX, y también ya asumi el mea culpa por haber confiado en el perverso Ratzinger. Por eso mismo son inadmisibles atitudes como la de Mons. Williamson que aconsejan fieles de la Tradição a irse a la misa nueva, o que trata de supuestos milagros en la misa nueva. Nuestra caridad para con quienes aún están en el error es decir la verdad sobre la perversa que es la secta modernista y todos sus frutos. Nosotros, que ya hemos superado las dudas, no temos el direcho de en ellas inducir quienes vienen depuéss de nosotros. A ellos, Dios les dará las gracias para que vean el mal en que están, como nosotros un día también estuvimos. Sí, nosotros también estuvimos en el charco y no tenemos motivos para nos juzgarmos superiores a aquellos que, sin culpa, aún están en el error. Sabemos que, si sobrevivimos, fue a pesar de la misa nova, y no a causa de ella. Y, por eso, es deber de caridad, y no hipocresía, alertar sobre los males de la falsa iglesia e sus fructos podridos, incluindo la misa nueva.

De todo lo que se ha dicho, podemos concluir que los aduladores de Mons. Williamson intentaron hacer su defensa en contra de la verdad. Intentaron, pero no lo lograron, porque actuaron como abogados, y no como apologetas.

Um comentário em “En defensa de Mons. Williamson… pero no de la verdad

  1. […] Fonte: https://intribulationepatientes.wordpress.com […]

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